04/11/2009

Muere Lévi - Strauss

Hace casi un año escribía sobre los 100 años que cumplía esta leyenda, en aquel momento todavía viva, de la antropología. Según leo en los medios, parece que murió en la madrugada del domingo y fué enterrado el lunes. Sus familiares comunicaron su muerte después de estos actos para evitar el revuelo mediático. Algo que el propio Claude habría visto con buenos ojos, vista la política de no conceder entrevistas durante muchos años de su vida.

19/10/2009

Cuando dar las gracias es de mala educación

Pues si, parece que la evidencia etnográfica, como habitualmente, vuelve a desmontar un concepto que parecería que es universal. Como versa el dicho popular; “de buen nacido es ser agradecido”, pero expresar la gratitud no siempre es conveniente.

El intercambio es una faceta humana universal; en todas las sociedades de todos los tiempos se han intercambiado lo que se ha producido, capturado o conseguido mediante intercambio, sea en el seno del propio grupo o entre grupos étnicos diferentes. Uno de los tipos de intercambio es el conocido como intercambio recíproco (Polanyi habla de tres; recíproco, retributivo y de mercado), y es el que para nuestro ejemplo nos interesa, y además, el tipo de intercambio que más nos choca a los occidentales acostumbrados a vivir en una economía de mercado capitalista.

En el intercambio recíproco “el ciclo de servicios y productos del trabajo no es dependiente de un contraflujo definido” tal como explica Marvin Harris en Introducción a la Antropología General. Es un sistema de intercambio propio de sociedades igualitarias, un ejemplo clásico serían los !Kung que viven en el desierto del Kalahari, donde unos cuantos adultos se levantan por la mañana, se van de caza, y al llegar exponen todo lo que han conseguido y se reparten por igual entre todas las familias del poblado, hayan participado o no en la cacería. No hay normas, ni turnos ni obligaciones que sirvan de guía o referencia para cuándo uno ha de salir o no a cazar. Además, no se le echa en cara a ningún miembro el que por un periodo determinado de tiempo no haya salido a cazar o a recolectar, aunque se supone que si esto se extiende demasiado en el tiempo, se pondría en marcha algún tipo de sanción mística o mágica que la propia comunidad llevaría a cabo de alguna manera. Los “gorrones” no son bien vistos en ninguna sociedad, y estas no son una excepción.

Pues bien, dentro de este sistema, resulta que dar las gracias es un gesto de muy mala educación, parece ser que el exteriorizar este sentimiento de esta manera implica en el individuo algún tipo de cálculo o balance entre lo que se da y lo que se recibe. Además va implícito en el gesto de agradecer que uno no se esperaba que el donante fuera tan generoso. Por ello, a muchos pueblos igualitarios que practican el intercambio recíproco, el dar las gracias o incluso sugerir que han sido tratados generosamente es algo que se les hace casi repugnante, tal como explica Robert Dentan en su estudio acerca de los semai de Malasia central.


Richard Lee aporta una anécdota muy significativa sobre este sentir que le sucedió mientras estudiaba a los !Kung antes mencionados. Como regalo de navidad quiso obsequiarles con el buey más grande que pudo encontrar en la zona. Una vez adquirido el animal, los !Kung no paraban de repetirle que había sido timado al comprar un animal de tan poco valor. No sólo esto, sino que además afirmaban que efectivamente se lo comerían, pero que no los saciaría, y que se irían a dormir a casa con el estómago rugiendo. Meses mas tarde Lee consiguió una explicación por parte de sus informantes sobre esta actitud; la modestia que se espera en las sociedades que practican un intercambio recíproco había sido totalmente violada y los !Kung se lo hacían saber de esta peculiar manera; menospreciando su regalo y sugiriendole que no tenía valor y en último caso no serviría ni para alimentarlos, aunque sabían igual de bien que él lo que había debajo de la piel del animal.

Fuente; Marvin Harris, "Introducción a la antropología general"

25/08/2009

La evolución y la intolerancia a la lactosa

Hoy toca un apunte de verdad, para hacer honor en algún momento al nombre del blog. Y en realidad podría encuadrarse más en un apartado de curiosidades o un "¿sabías que...?".

Suele darse por hecho que el ser humano puede tomar leche (de otros animales, se entiende) desde que la especie pisó la tierra, y lo cierto es que parece algo intrínsecamente unido, tanto que suele asociarse el ser mamíferos con la capacidad de tomar leche y aquellos que son intolerantes a la lactosa son vistos casi como enfermos, de hecho la Wikipedia lo define como una "afección de la mucosa intestinal". Lo que realmente sucede en estos casos es que el cuerpo no produce la suficiente - o ninguna- lactasa, que es la enzima encargada de digerir la lactosa de la leche, y al no ser capaz de digerirla, pues se tiene una digestión pesada en el mejor de los casos, o directamente se vomita, entre otros síntomas.

Lo curioso del caso es que la antropología y la genética de poblaciones ha descubierto ya hace mucho tiempo que existen de hecho poblaciones, etnias enteras que no pueden digerir la lactosa porque parece ser que esta capacidad fué una adaptación al medio de un grupo muy reducido de personas que vivieron en Europa, se adaptaron a la vida pastoril y a los recursos que ésta la ofrecía, entre ellos la leche de sus animales y sus derivados. Es conocido el caso sucedido entre Brasil y EEUU, cuándo estos últimos se ofendieron muchísimo porque los bresileños no se tomaban la leche en polvo que le enviaban en sus paquetes de ayuda humanitaria. Los nativos no podían digerir la leche y la veían poco más que como meo de vaca, pero a los políticos y administrativos este tipo de detalles, claro, se les escapan por ser para ellos demasiado finos (evidentemente si ellos lo toman, ¿ porque no lo van a tomar unas personas que están pasando hambre?)

Por lo tanto, tal como puede verse en ese mismo artículo de la wikipedia, la intolerancia a la lactosa, o la capacidad para digerirla, se distribuye en el mundo de manera muy desigual. Los suecos pueden digerir mucho mejor la lactosa que los mozambiqueños, por ejemplo, y aunque hoy en día los productos manufacturados han llegado a casi todos los lugares del mundo y la gente se adapta poco a poco a consumirlos, hay lugares en los que todavía casi el total de la población no puede digerir la lactosa, como en Thailandia y otros muchos países donde sus orígenes no están relacionados con el pastoreo ni el consumo de leche de otros animales.

En el siguiente mapa se puede ver la distribución mundial de intolerancia a la lactosa;