Hoy toca un apunte de verdad, para hacer honor en algún momento al nombre del blog. Y en realidad podría encuadrarse más en un apartado de curiosidades o un "¿sabías que...?".
Suele darse por hecho que el ser humano puede tomar leche (de otros animales, se entiende) desde que la especie pisó la tierra, y lo cierto es que parece algo intrínsecamente unido, tanto que suele asociarse el ser mamíferos con la capacidad de tomar leche y aquellos que son intolerantes a la lactosa son vistos casi como enfermos, de hecho la Wikipedia lo define como una "afección de la mucosa intestinal". Lo que realmente sucede en estos casos es que el cuerpo no produce la suficiente - o ninguna- lactasa, que es la enzima encargada de digerir la lactosa de la leche, y al no ser capaz de digerirla, pues se tiene una digestión pesada en el mejor de los casos, o directamente se vomita, entre otros síntomas.
Lo curioso del caso es que la antropología y la genética de poblaciones ha descubierto ya hace mucho tiempo que existen de hecho poblaciones, etnias enteras que no pueden digerir la lactosa porque parece ser que esta capacidad fué una adaptación al medio de un grupo muy reducido de personas que vivieron en Europa, se adaptaron a la vida pastoril y a los recursos que ésta la ofrecía, entre ellos la leche de sus animales y sus derivados. Es conocido el caso sucedido entre Brasil y EEUU, cuándo estos últimos se ofendieron muchísimo porque los bresileños no se tomaban la leche en polvo que le enviaban en sus paquetes de ayuda humanitaria. Los nativos no podían digerir la leche y la veían poco más que como meo de vaca, pero a los políticos y administrativos este tipo de detalles, claro, se les escapan por ser para ellos demasiado finos (evidentemente si ellos lo toman, ¿ porque no lo van a tomar unas personas que están pasando hambre?)
Por lo tanto, tal como puede verse en ese mismo artículo de la wikipedia, la intolerancia a la lactosa, o la capacidad para digerirla, se distribuye en el mundo de manera muy desigual. Los suecos pueden digerir mucho mejor la lactosa que los mozambiqueños, por ejemplo, y aunque hoy en día los productos manufacturados han llegado a casi todos los lugares del mundo y la gente se adapta poco a poco a consumirlos, hay lugares en los que todavía casi el total de la población no puede digerir la lactosa, como en Thailandia y otros muchos países donde sus orígenes no están relacionados con el pastoreo ni el consumo de leche de otros animales.
En el siguiente mapa se puede ver la distribución mundial de intolerancia a la lactosa;
Si tuviésemos que elegir una primera pregunta, la más importante para la antropología, la que la hace al fin y al cabo existir, esa sería la cuestión que se ha dado en llamar de la otredad. Una sociedad parece definirse siempre en contra de, o en oposición a. Esto es, todas las sociedades han temido en cierto modo a las sociedades que no son ellos mismos, a los otros. Esta dicotomía existe también a nivel individual, y tanto en un caso como en el otro, este enfrentamiento es esencial para la creación de la identidad, grupal en el primer caso, individual o personal en el segundo.
Esta cuestión de la alteridad es el concepto fundador de la antropología moderna. Y es tan importante que todavía hoy en día tiene vigencia. A nivel metodológico, se suele afirmar que es necesario que exista un extrañamiento por parte del estudioso, esto es, que lo que se va a estudiar sea ajeno al antropólogo/a, que le resulte nuevo, raro, diferente. Esto se ha venido afirmando tradicionalmente como algo ineludible y necesario para que el trabajo antropológico pueda llevarse a cabo. Quizás hoy en día esto se ha matizado un poco, ya que los trabajos de antropología aplicada o urbana, por citar dos ejemplos muy claros, son llevados a cabo por antropólogxs que pertenecen a esa misma cultura que estudian. En estos casos el proceso de extrañamiento o alteridad se construye más mientras se accede o se planifica la investigación y no como punto de partida en sí mismo, como parecía ser el caso tradicionalmente.
Se habla incluso de una crisis de la disciplina durante el siglo pasado, que se solucionó, suele decirse, “con el descubrimiento de los otros del interior”, esto es, de las sociedades rurales occidentales. Esta crisis se dió junto al proceso de descolonización, que había estado muy unido a la aparición de la disciplina. La colonización y el desarrollo de la antropología fueron de la mano y se apoyaron mutuamente. Cuando la colonización perdió fuerza y los países empezaron a pedir su independencia, la antropología comenzó a perder su objeto de estudio, o al menos a serle más difícil el acceso. Y como la antropología es especialista en pequeñas comunidades, se empezaron a estudiar estas comunidades rurales del interior del continente Europeo. Un ejemplo clásico de esto es el estudio llevado a cabo por Pitt-Rivers en Grazalema, un pueblo de la sierra de Cádiz.
Otro ejemplo claro donde la alteridad está muy presente y donde se articula un fuerte proceso de creación de identidades culturales es en los actuales nacionalismos o regionalismos. Los español, lo catalán, lo gallego o lo vasco se definen siempre más por lo que no son que propiamente por lo que son, aunque muchas veces estas diferencias se expresen efectivamente en forma positiva (los de tal lugar somos de tal manera) en vez de adoptar la forma negativa (los de tal lugar no somos como los de tal otro). En este sentido, he escrito ya un post relacionado con este tema aquí.
Todo el tema de la alteridad, de la otredad o del extrañamiento se ha tratado de forma habitual en el cine o en la literatura. De hecho puede decirse que existe en cada cultura y en cada momento histórico un “ideal” o idea social de cómo es lo otro. El ejemplo más clásico puede ser el que se ve en el filme de George Méliès "Le voyage dans la lune". A partir del minuto seis, se ve la imagen que se tenía de los otros allá por 1902, año en que fué rodado el filme.
Sin embargo, el ejemplo más actual (a parte de títulos como "Los Otros", "Les autres", que en cierto modo hacen referencia a otro tipo de otredad que sería lo vivo frente a lo muerto, o mas bien no vivo), podemos verlo en la serie Lost. Un avión se estrella en una isla que en principio se cree abandonada, pero pronto se dan cuenta de que hay más gente viviendo en la isla. Este grupo pasa a ser conocido a partir de este momento como "los otros". Es curioso, porque llega un momento de la serie en que estos dos grupos interactúan y se mezclan, pero en todo momento se distingue claramente quien es de "los otros", tanto por intervenciones de los propios personajes como por la forma en que se trabaja con los personajes.
El ejemplo es interesante además porque se puede ver todo el proceso de creación de identidad grupal a lo largo del desarrollo de las temporadas. Se ve claramente como el grupo comienza a estar más unido en cuanto existe algo a lo que enfrentarse, tanto físicamente a través de peleas, enfrentamientos verbales, etc como ideal y "culturalmente", en el modo de vida, en las intenciones y motivaciones de cada grupo, en el lugar donde se reside, en las formas de vesitrse y de organizarse grupalmente, etc. Todo esto se ve más claramente en la primera mitad de la serie, durante las tres primeras temporadas, donde incluso un grupo diferente de supervivientes del avión se encuentra con los personajes principales, y es su común oposición a "los otros" los que termina por unirlos incluso más que la propia experiencia de haber viajado juntos en el mismo avión que se estrelló en la isla.
Siento los Spoilers a aquellos que no hayan visto la serie, pero animo a todxs los seguidores de la serie y del cine en general a que analicen este tipo de cosas, porque están presentes en muchas películas y novelas. Otro ejemplo clarísimo es todo un género que se basa en esta misma oposición; el western, donde la exploración de nuevos territorios en América del norte enfrentan a vaqueros contra indios (que en este caso, sobre todo al comienzo del género, son los otros, y por lo tanto, los malos). En cuanto a la dicotomía de bueno y malo, también es interesante ver cómo tratan vaqueros a inidios y viceversa, e incluso el trato que dan los recién llegados hombres (porque son hombres, no mujeres...) a la luna de Méliès a los habitantes lunares...Y todo esto, claro, con el propio proceso de colonización.
Siento la ausencia de estos meses, pero el ajetreo académico me ha impedido totalmente dedicarme a otras cosas que no fuesen exámenes, trabajos, correcciones, y estudio. Después de una semana de vacaciones, vuelvo a retomar esto y espero darle un poco más de continuidad ahora que tengo -en principio- algo más de tiempo disponible.
El 19 de Mayo, muchos medios de comunicación se hacían eco de lo que parecía un gran descubrimiento; se le ha llamado Ida y se estima que tiene 47 millones de años. Es una primate a la que se ha presentado casi como a una estrella del rock o un fichaje estrella de un equipo de fútbol, pues se la ha pretendido hacer "el eslabón perdido", esa gran entelequia científica que tanto ha calado en las mentes populares.
Parece ser que Ida -científicamente conocida como Darwinius masillae- presenta una serie de características peculiares que la sitúan en algún lugar entre los humanos y el resto de antropoides actuales; aunque tiene cola, su composición ósea se acerca más a la humana, con presencia de uñas en vez de garras, el talus, un hueso del pié típicamente humano, pulgares oponibles y una visión frontal que le permitiría ver en tres dimensiones. Todo esto puede saberse porque, como podéis ver en la imagen, el esqueleto de Ida se encontró completo al 95%, e incluso quedó marcado a su alrededor la forma de su cuerpo.
Este fósil fue encontrado en Messel, Alemania, en 1983 y el hecho de haber sido presentado hace sólo unos meses después de años de estudio, ha servido para que se presente conjunto a un libro escrito por sus estudiosos que se llama precisamente "El eslabón" y el documental llamado "Descubrimiento de Nuestro Primeros Antepasados". La tardanza se ha debido también al hecho de que cuando se descubrió, los restos fueron vendidos poro partes a diferentes aficionados a los fósiles, y no es hasta 2006 que se vuelven a juntar todas las partes. De todos modos, se le ha presentado desde el ámbito científico como "el fósil que lo cambiará todo", "el que confirmará la teoría de Darwin", "Ida es como haber encontrado el arca perdida" o incluso como el equivalente científico al Santo Grial. Como podeis comprobar en los vídeos, el show montado al rededor de todo el tema ha sido grande y polémico.
Sin embargo, todo este optimismo, está en parte bastante poco justificado. En primer lugar, se presenta este descubrimiento científico rodeado de un áurea muy poco rigurosa. En primer lugar, no existe eso que se ha venido llamando "el eslabón perdido", sino que existen una serie de diferentes momentos evolutivos que conformarían la evolución hasta el presente de cualquier especie. Por lo tanto, habría muchos eslabones perdidos, y no solo uno, tal como se ha venido afirmando. Seguramente este "lastre" ideológico proceda ya de la época de Darwin, cuando su teoría -tantas veces tan mal interpretada- pensada como una teoría progresista más que evolucionista, ponía al ser humano en el cúlmen de la evolución. Por lo tanto, la evolución era algo progresivo, lineal, que tendía hacia un fin, teolológico. En este sentido, se pensaba que se podría reconstruír la "cadena" que desde un lejano ancestro llegase al ser humano actual. Como Darwin afirmó, el ser humano y el resto de primates descendían de un antepasado común, y por lo tanto habría que encontrar a ese antepasado al que se ha venido llamando "eslabón perdido".
Hoy en día se llama a este tipo de descubrimientos fósiles transicionales, porque dan evidencia de la transición de un estadío evolutivo a otro, y es que la evolución hoy en día se concibe más como un arbusto o esquema en árbol que no como una cadena. Y en este sentido, en la famosa búsqueda del eslabón perdido, parece que Ida no es precisamente un gran descubrimiento. Los Nenanderthales se consideraron durante algún tiempo como ese eslabón perdido, pero se rechazarían después porque eran demasiado parecidos a los humanos para ocupar ese lugar. Con Ida pasa lo contrario; es demasiado primitiva, presenta rasgos demasiado parecidos a un lemúr o algún otro simio actual para jugar este rol. Y es que posiblemente Lucy o cualquier australopitecino sea ya ese "eslabón perdido" del que se hablaba, ya que muestra efectivamente unos rasgos intermedios, ni demasiado humanos ni demasiado simiescos.
Darwin no necesita más descubrimientos para ser confirmado. Su teoría tenía un alcance que todavía hoy en día sigue siendo actual, y aunque ciertas afirmaciones seguramente caerán por el peso de las evidencias, nadie negará que el marco teórico que supo aportar ha ayudado a realizar grandes descubrimientos y a entender muchas cosas. Los eslabones perdidos no existen, pero sin duda se encontrarán cada vez más fósiles transicionales que arrojarán luz sobre cómo el homo sapiens y los primates han llegado a ser lo que son.